STREETS OF NEW YORK II

2 octubre, 2017

Lo prometido es deuda y, aunque ha tardado un poco más de la cuenta, ¡por fin está aquí la segunda parte de Streets of New York! Al igual que en la primera entrega, nos perderemos por las calles de esta fascinante ciudad para explorar sus rincones y retratar a sus gentes. Pero esta vez, lo haremos también más allá de Manhattan…

Empezaremos nuestro recorrido por Williamsburg, barrio históricamente conocido por su importante comunidad judía ortodoxa, por sus fábricas de cerveza y por sus astilleros. Desde la terraza de un hotel situado frente a la única cervecera que continua en activo, se puede disfrutar de una de las mejores vistas del skyline: la silueta de los sofisticados rascacielos de Manhattan en contraste con el aire industrial y portuario a este lado del East River.

Desde hace unos años, esta zona del distrito de Brooklyn se ha convertido en cuna hipster. Está repleta de fachadas de ladrillo, tiendas de segunda mano y, como todo barrio moderno que se precie, de cafeterías y bares en los que dan ganas de pararse continuamente a tomar algo.

Además, para una amante de las rarezas y las antigüedades como yo, es un regalo encontrarse con un escaparate abandonado al que el paso del tiempo le ha otorgado cierto aire fantasmal.

O con un par de sillas que seguramente fueron testigo de cientos de historias en décadas pasadas, ahora reunidas por el azar bajo mismo un porche.

Por último antes de abandonar Williamsburg, haremos una parada en una de sus calles más tranquilas. No sé si por el aspecto de las casas, del chico sentado en las escaleras o quizás por ambos, me recordó de repente a ciertas películas de los 90 ambientadas en el extrarradio de Nueva York, como Ghost Dog (Jim Jarmusch, 1999).

De vuelta a Manhattan, nos dirigimos a uno de los sitios por los que más disfruté paseando. Harlem, de origen holandés pero con población mayormente afroamericana desde los años 20, vio nacer el jazz en locales como el Cotton Club. Aunque el edificio original fue derribado, en 1978 se construyó otro en la 125 St., junto al puente elevado de Riverside Drive.

Otro de los locales míticos de este barrio es el Teatro Apolo, donde debutaron en las "noches de los aficionados" artistas como Ella Fitzgerald, Stevie Wonder o el mismísimo Michael Jackson. Estaba a punto de hacerle una foto a la fachada, cuando vi por el rabillo del ojo aparecer a este ciclista raudo por mi derecha... ¡y no pude dejarlo escapar!

Además, si eliges un domingo para ir a Harlem, te encuentras con una gran actividad entorno a sus numerosas iglesias. No conseguí ver una misa góspel, pero a cambio pude retratar a unos cuantos asistentes durante mi paseo.

Les toca ahora el turno a Tribeca y Nolita. En estos barrios se dan cita los contrastes culturales -como en su vecina Chinatown-, con las tiendas y locales de diseño. Puedes encontrarte desde algunas oficinas con frases inspiradoras en su fachada...

hasta otras que invitan a sentarse en su terraza a tomar un café.

Pasando por una camioneta en un garaje convertido en restaurante.

O por un chico con unas rastas y unos pantalones que te transportan a cualquier lugar exótico... y que descubres paradójicamente colocado bajo un letrero Despaña.

Y para despedirnos, volvemos al distrito de Brooklyn hasta uno de mis lugares favoritos de la ciudad. Estando allí, tuve la sensación de que ver el atardecer desde este lado del río era tan común entre los turistas como para los propios neoyorquinos. Quizás por eso, el contraluz del puente con una familia paseando me pareció el mejor final para un día perfecto en Nueva York.